Amor underground en un vagón de metro

amor underground

Vives en la gran ciudad donde cada mañana regresa la tragedia. Suena el despertador y te percatas de que fuera del edredón hace demasiado frío. Pero debes enfrentarte a ese infierno matutino. Una rutina que a menudo te supera y que tiene como colofón ese encuentro de rigor con el asfixiante metro.

Sin embargo no todo es sufrimiento. Hay algo que te hace enfrentar ese viaje con optimismo, con ilusión. Es esa persona con la que compartes vagón cada día y con la que quizás jamás llegarás a hablar, pero con la que cruzas cómplices miradas que transforman esa atmósfera de individualismo en un divertido juego que te permite fantasear con que eres el protagonista de una película romántica.

Quizá esa persona tiene pareja, de la que está locamente enamorada, o quizá tu presencia le supone una absoluta indiferencia. Probablemente las dos cosas. Pero allí estás tú para dar rienda suelta a tus instintos más aventureros y disfrutar con tu historia de amor platónico.

Puede que no seas consciente de ello. Pero día a día, madrugón tras madrugón, quizá te hayas enamorado. Si te sientes identificado con estos comportamientos que voy a enumerar va siendo hora de perder la vergüenza, echarle valor y comprobar si realmente te encuentras ante el amor de tu vida.

1/ La puntualidad:

Siempre llegas al metro a la misma hora y te colocas en el mismo lugar. Si llegas tarde corres como si te fuera la vida en ello. Si vas temprano te acomodas en la parte derecha de las escaleras mecánicas para hacer tiempo. Y no es porque seas puntual. Lo haces porque sabes que él/ella sí que lo es y va a estar allí en ese justo instante.

Ahora es cuando te planteas que esa otra persona en realidad no es puntual. Siempre llega a tiempo porque piensa que tú sí que lo eres y desea coincidir contigo.

2/ La distancia:

Conoces el punto exacto donde se sitúa y si llegas primero te posicionas justo allí. Aguardas su llegada con un férreo control ocular. Aparece y algo se activa en ti, pero tratas de disimular. Se acerca, pero sabes que no va a ponerse junto a ti sino a la distancia oficial, la que tomas tú cuando él/ella llega primero: son esos 3 metros de rigor que permiten disimular esas miradas clandestinas.

3/ La llegada del tren:

Al penetrar en el vagón, en tu empeño por seguir disimulando entras por la puerta contigua para situarte de nuevo a la distancia de tres metros que marca el reglamento. Confirmas su presencia entre la masa de pasajeros. Verle otra vez te reconforta. Sabes que es otro día en que no cruzarás palabra, pero te consuela saber que está allí, contigo.

Si al entrar en el vagón todavía no ha aparecido miras con inquietud hacia las puertas, esperando que entre en aquella mágica décima de segundo previa a su cierre. Cuando eso sucede y l@ ves aparecer la adrenalina se apodera de tu ilusionado ser. Sabes que no ha hecho ese último esfuerzo por evitar llegar tarde a su destino. Lo ha hecho para verte, a ti.

4/ Las preguntas:

Entre mirada y mirada no dejas de preguntarte cómo será su personalidad, qué tono tendrá su voz o a qué dedicará su vida. Analizas su estilismo, investigando uno a uno todos sus complementos, hasta que tu inconsciente le asigna una profesión. Quizá dudes entre dos opciones. Pero sabes que no puedes estar muy desencaminad@ cuando se trata de la persona de tus sueños.

5/ La investigación:

Jamás te atreverías a cruzar palabra. ¡Qué vergüenza! Pero en momentos de valentía, o quizá sin pretenderlo, acabas a unos escasos centímetros de él/ella. Es entonces cuando exhalas su aroma y buscas en la pantalla de su móvil, que casualmente apunta hacia ti, cualquier tipo de información. O quizá lleva en la mano ese abono transporte, portador de un diminuto nombre que después investigar en Google. Cualquier elemento vale como primera pista.

Tu mente puede llegar a ser muy retorcida e incluso llegas a pensar que este tipo de comportamientos pretenden darte de forma intencionada pistas para que indagues sobre él/ella.

6/ La frustración:

Esta es con toda seguridad la mayor demostración de que sientes una profunda devoción por esa persona. Me refiero a la desazón que se apodera de ti si no llega al andén, si finalmente no sube a ese vagón en el último segundo. Ese día tu viaje en transporte público se transforma en tragedia. Te preguntas qué le habrá pasado. ¿Será que en realidad no siente lo mismo? Eso no lo sé, pero en tu caso sí: estás enamorad@.

¿Y vosotr@s os habéis prendado de alguien de esta manera?

En caso de que no, si vuestros viajes en metro son un aburrimiento y no tenéis pareja podéis crearos vuestra propia historia de amor underground. ¡Las mañanas serán mucho más divertidas!