Amor underground en un vagón de metro

amor underground

Vives en la gran ciudad donde cada mañana regresa la tragedia. Suena el despertador y te percatas de que fuera del edredón hace demasiado frío. Pero debes enfrentarte a ese infierno matutino. Una rutina que a menudo te supera y que tiene como colofón ese encuentro de rigor con el asfixiante metro.

Sin embargo no todo es sufrimiento. Hay algo que te hace enfrentar ese viaje con optimismo, con ilusión. Es esa persona con la que compartes vagón cada día y con la que quizás jamás llegarás a hablar, pero con la que cruzas cómplices miradas que transforman esa atmósfera de individualismo en un divertido juego que te permite fantasear con que eres el protagonista de una película romántica.

Quizá esa persona tiene pareja, de la que está locamente enamorada, o quizá tu presencia le supone una absoluta indiferencia. Probablemente las dos cosas. Pero allí estás tú para dar rienda suelta a tus instintos más aventureros y disfrutar con tu historia de amor platónico.

Puede que no seas consciente de ello. Pero día a día, madrugón tras madrugón, quizá te hayas enamorado. Si te sientes identificado con estos comportamientos que voy a enumerar va siendo hora de perder la vergüenza, echarle valor y comprobar si realmente te encuentras ante el amor de tu vida.

1/ La puntualidad:

Siempre llegas al metro a la misma hora y te colocas en el mismo lugar. Si llegas tarde corres como si te fuera la vida en ello. Si vas temprano te acomodas en la parte derecha de las escaleras mecánicas para hacer tiempo. Y no es porque seas puntual. Lo haces porque sabes que él/ella sí que lo es y va a estar allí en ese justo instante.

Ahora es cuando te planteas que esa otra persona en realidad no es puntual. Siempre llega a tiempo porque piensa que tú sí que lo eres y desea coincidir contigo.

2/ La distancia:

Conoces el punto exacto donde se sitúa y si llegas primero te posicionas justo allí. Aguardas su llegada con un férreo control ocular. Aparece y algo se activa en ti, pero tratas de disimular. Se acerca, pero sabes que no va a ponerse junto a ti sino a la distancia oficial, la que tomas tú cuando él/ella llega primero: son esos 3 metros de rigor que permiten disimular esas miradas clandestinas.

3/ La llegada del tren:

Al penetrar en el vagón, en tu empeño por seguir disimulando entras por la puerta contigua para situarte de nuevo a la distancia de tres metros que marca el reglamento. Confirmas su presencia entre la masa de pasajeros. Verle otra vez te reconforta. Sabes que es otro día en que no cruzarás palabra, pero te consuela saber que está allí, contigo.

Si al entrar en el vagón todavía no ha aparecido miras con inquietud hacia las puertas, esperando que entre en aquella mágica décima de segundo previa a su cierre. Cuando eso sucede y l@ ves aparecer la adrenalina se apodera de tu ilusionado ser. Sabes que no ha hecho ese último esfuerzo por evitar llegar tarde a su destino. Lo ha hecho para verte, a ti.

4/ Las preguntas:

Entre mirada y mirada no dejas de preguntarte cómo será su personalidad, qué tono tendrá su voz o a qué dedicará su vida. Analizas su estilismo, investigando uno a uno todos sus complementos, hasta que tu inconsciente le asigna una profesión. Quizá dudes entre dos opciones. Pero sabes que no puedes estar muy desencaminad@ cuando se trata de la persona de tus sueños.

5/ La investigación:

Jamás te atreverías a cruzar palabra. ¡Qué vergüenza! Pero en momentos de valentía, o quizá sin pretenderlo, acabas a unos escasos centímetros de él/ella. Es entonces cuando exhalas su aroma y buscas en la pantalla de su móvil, que casualmente apunta hacia ti, cualquier tipo de información. O quizá lleva en la mano ese abono transporte, portador de un diminuto nombre que después investigar en Google. Cualquier elemento vale como primera pista.

Tu mente puede llegar a ser muy retorcida e incluso llegas a pensar que este tipo de comportamientos pretenden darte de forma intencionada pistas para que indagues sobre él/ella.

6/ La frustración:

Esta es con toda seguridad la mayor demostración de que sientes una profunda devoción por esa persona. Me refiero a la desazón que se apodera de ti si no llega al andén, si finalmente no sube a ese vagón en el último segundo. Ese día tu viaje en transporte público se transforma en tragedia. Te preguntas qué le habrá pasado. ¿Será que en realidad no siente lo mismo? Eso no lo sé, pero en tu caso sí: estás enamorad@.

¿Y vosotr@s os habéis prendado de alguien de esta manera?

En caso de que no, si vuestros viajes en metro son un aburrimiento y no tenéis pareja podéis crearos vuestra propia historia de amor underground. ¡Las mañanas serán mucho más divertidas!

10 películas para triunfar en la primera cita

stockholm

“Ya no quedan románticos” repiten una y otra vez mis amigas. Pero no se resignan. Cada sábado noche salen a fumar a la puerta de la discoteca, esperando que el hombre perfecto se acerque a ellas para entablar una conversación tierna y sincera. Un chico atractivo, culto, sensible, atento, que les haga descubrir por fin el verdadero amor.

Seguro que existe algún tipo así “jamás se extinguirán los moñas” pero el resto de mortales, en nuestro intento por hacernos pasar por personas especiales, podemos valernos de un gran aliado “el buen cine” para allanar el camino y conquistar por unos días aquellos corazones femeninos, aquellos que laten con más vigor cuando creen compartir sofá y manta con “un chico distinto a los demás”.

Es muy sencillo: invítala a tu casa y ponle una de estas películas, asegurando que “la has visto mil veces y que te encantaría compartirla con ella” y cuando termine te estrechará entre sus brazos como si fueras tú quien escribió el guión.

Aquí va la lista de las 10 películas que te ayudarán a alcanzar el siguiente nivel, con un breve manual para cada una.

Cinema Paradiso:

Cada vez que veo la escena final “y ya irán unas 30 veces” se me saltan las lágrimas de emoción. Y teniendo en cuenta que soy originario de tierras vascas, imagínate cómo se pondrá ella. En mi opinión, lo mejor que ha dado Italia al cine.

Consejo: si quieres parecer “aquel chico distinto” consigue Nuovo Cinema Paradiso (el montaje del director) y la tendrás a tus pies.

Stockholm

Esta película española comienza al más puro estilo romántico “chico conoce a chica”, hasta que da un giro del que no diré una sola palabra, que la convierte en algo genial.

Consejo: Al terminar la película ponte de parte de la protagonista o te quedarás sin chica.

Amelie

Sé que casi todos ya la conocéis. Pero hay que reconocer que Amelie es una película deliciosa, sincera, entrañable… Una persona que no aprecie la sensibilidad de este filme debería visitar un cardiólogo para que le coloque un corazón nuevo.

Consejo: Si coincide que la chica en cuestión es morena y con media melenita, después de ver la película comienza a llamarla Amelie. Ella también se sentirá especial y luciréis más acaramelados que Barbie y Ken.

Tu vida en 65 minutos

Otra joyita española. Al igual que Stockholm está protagonizada por Javier Pereira, pero en este caso es 100% pastelona. Eso sí, con ese toque indie que te hará quedar como un señor. Si quieres hacerla reír y llorar, si quieres que implore por ser ella esa chica delicada que se embriaga de amor ¡ésta es la película!

Consejo: vacía tu casa de pañuelos y servilletas. Acabará secando sus lágrimas en la solapa de tu camisa.

Los amantes del Círculo Polar

Una historia que te atrapa desde el principio con una magistral sucesión de casualidades que parecen establecer un sentido en las vidas de los personajes. O lo que es lo mismo y que sirva como aviso: Julio Médem en estado puro, para bien “en mi caso” o para mal.

Consejo: Si no está acostumbrada a películas “profundas” dale antes de empezar un refresco con mucha cafeína.

Antes del amanecer

Es la primera parte de la aclamada trilogía de Richard Linklater. Una película fresca, que navega a través de sus interminables diálogos, colmados de brillantez aplicada a la seducción. Jamás un trayecto en tren fue más idílico que en esta cinta.

Consejo: según termine la película ella deseará salir corriendo en busca de su protagonista Ethan Hawke. Recuérdale entonces que el filme es del año 1995 y que aquel tipo a día de hoy anda algo desmejorado. Por lo menos algo más que tú “esperemos”.

Once

A pesar de que ganó un Óscar a mejor canción original, pocos recuerdan esta cinta irlandesa. Su magia se basa en la sencillez del guión y en la autenticidad que reflejan sus dos protagonistas.

Consejo: después de ver la película pon su BSO en tu aparato de música y ella pensará que sois los protagonistas de la secuela.

Like Crazy

Vencedora en Sundance en 2011, representa con maestría los momentos iniciales de un amor sincero e idílico, y cómo éste puede desvanecerse cuando la distancia se interpone en el camino.

Consejo: Si ella vive en otra ciudad o si está pensando marcharse por un tiempo no es la mejor opción para seducirla.

El arte de ser un marginado

O cómo un perdedor adolescente se arma de talento para disfrutar la vida y proponerse metas en el amor que jamás había vislumbrado.

Consejo: si es de las que sólo se atreven con cine comercial véndesela con que Emma Watson es una de las protagonistas.

Malena

¿Quién no ha tenido un amor platónico imposible de corresponder? Es la historia de Renato, que a sus 13 años se enamora de la mismísima Mónica Bellucci. Una película entrañable, de esas que se degustan segundo a segundo, y del mismo director que Cinema Paradiso: el gran Giuseppe Tornatore.

Consejo: al terminar la película dile que Mónica Belucci es muy guapa, pero que ella está mucho mejor. No se lo creerá pero ¿a quién no le gusta un cumplido?

¿Y vosotr@s? ¿Qué otras películas incluiríais en esta lista?

10 tipos de jugador de pádel

Varlion-Seba-Nerone

Mi nombre es Javi, tengo 33 años y desde hace 5 soy adicto: adicto al pádel. Un día un amigo me invitó a un partido y lo típico… empecé con la tontería. Al principio sólo le daba los sábados, pero me enganché de tal forma que el síndrome de abstinencia me llevó a practicar también entre semana.

Desde entonces, siempre equipado con mi flamante Varlion, he compartido adicción con cientos de jugadores, cada uno con su estilo personal e, independientemente de su forma de jugar, con sus peculiaridades. Sí, comportamientos que responden a un patrón de personalidad que muchas veces se repite y que me han llevado a elaborar una curiosa clasificación.

10 tipos de jugador de pádel:

1. El agarrado

Comenzamos con un clásico del pádel: El agarrado que jamás lleva bolas. Se caracteriza por un sencillo modus operandi: llegar dos minutos tarde al partido. Es el tiempo suficiente para que otros compañeros hayan empezado a pelotear con otras bolas y él aparezca con las manos vacías de la forma más natural y disimulada. Cuando entra en la pista lo hace con una sonrisa burlona que expresa un “Os lo he vuelto a hacer”.

No obstante, existe una versión avanzada de El agarrado:

El agarrado (versión pro) 

Se trata de un ser mucho más despiadado: Éste siempre lleva bolas, pero viejas, ¡muy viejas! Acostumbra a sacar siempre el mismo bote polvoriento con su comentario típico de “las mías tienen 10 partidos” mientras espera a que algún desgraciado abra un bote de pelotas nuevas. Cuando guarda el suyo lo hace con una sonrisa aún más burlona que expresa un “Os lo he vuelto a hacer, pringaos”.

2. El generoso 

Aún no está documentado, pero investigadores de Harvard siguen la pista de un ser único en el planeta Tierra del que dicen: siempre saca pelotas nuevas, incluso antes del habitual momento de tensión y miradas esquivas, cuando nadie se atreve a sacar sus bolas en la previa de los partidos.

3. El entusiasta

Es comenzar el partido y ya está ejerciendo de auténtico motivador profesional. El entusiasta siempre te anima, aunque hayas fallado doscientas bolas seguidas. Su frase típica “no pasa nada, está muy bien” que repite una y otra vez te ofrece un plus para remontar un partido cuesta arriba, hasta que la oyes por septuagésima vez en 10 minutos y decides que ya estás un poco “hasta las pelotas de pádel” de tanto entusiasmo.

Si en ese momento sufrieras un lapsus y le pegaras sin querer un raquetazo en la cabeza se levantaría optimista, se limpiaría la sangre que mana de su kilométrica brecha y te soltaría un “no pasa nada, está muy bien, creo que viviré”.

4. El ex tenista

El ex tenista se define por creerse superior a los demás jugadores, aunque no haya jugado al pádel en su vida. Gracias al tenis tiene toque, que es lo que importa, y ya es bueno  desde el primer día. Tras su primera y escandalosa derrota abandona la cancha confuso, con el orgullo herido y jurando contra ese maldito deporte llamado pádel donde no puede ejercer su potencia y maestría porque “aquí sólo se puede cortar la pelota”.

5. El quejica

Suele ser uno de esos “agarraos pro” y a pesar de ello siempre se queja del estado de las bolas. La excusa habitual ante su falta de técnica y agilidad para llegar a los golpes es que “las bolas están muy lentas”, sin dignarse mirar hacia su barriga y reconocer que quien es lento y sin reflejos en realidad es él.

Si las bolas son nuevas culpará de su mal juego al equilibrio de su pala, con la que asegura, será un fenómeno la próxima semana, cuando le ponga un quinto overgrip.

6. El chulito

Perteneciente al género masculino, siempre insiste a sus amigotes en lo aburrido que es jugar con tías. Que si los puntos duran poco, que si no les puedes tirar bolas fuertes, que si no hay intensidad…

Sin embargo, en cuanto tiene la oportunidad se apunta a partidos mixtos para lucirse frente a las féminas, esperando una sonrisita de complicidad por parte de ellas cada vez que hace un punto; mejor si va seguido de un “juegas súper bien”.

Si después de eso la chica añade “se nota que has jugado al tenis” nuestro chulito vuelve a casa con el ego por las nubes.

7. La chica que se merienda a los chulitos

No hay mejor correctivo para este ejemplar “que pasa de jugar con tías” que encontrarse con una jugadora mejor que él “y todos sabemos que se la va a encontrar” para que le baje al reino de los mortales y le recuerde que en realidad no es tan bueno como él se cree por mucho que lleve una pala de 300 euros.

8. El exaltado

A menos que todo salga bien este tipo siempre está enfadado. No duda en dar lecciones a su compañero cada vez que éste falla un punto, con grandes dosis de agresividad y arrogancia. Si por el contrario, es él mismo quien falla, siempre busca excusas con comentarios tipo “cuando esté de espaldas tienes que avisarme si suben” o “con tu golpe anterior se la has dejado a huevo”.

Cuando acaba el partido, como muestra de insatisfacción con el juego que has desplegado, te da la mano por no romper el protocolo, pero eso sí, mirando hacia otro lado.

Al igual que el agarrado, el exaltado también cuenta con una versión avanzada:

El exaltado silencioso

De la misma escuela que El exaltado clásico, éste aparenta mantener las formas pero su comportamiento llega a resultar si cabe, más hiriente. El exaltado silencioso, cada vez que fallas un punto, empieza a jurar en voz baja, mirando al infinito con cara de odio, sabiendo que te das cuenta. Es su forma de hacerte ver que “en su opinión eres un pésimo jugador y deberías replantearte bajar unas décimas tu nivel de cara a futuros partidos”.

Resulta especialmente divertido jugar contra una pareja de exaltados, sobre todo si son hermanos, dispuestos a destruir en un solo partido décadas de amor fraternal.

9. El penitente

Este personaje, bondadoso por antonomasia y retrato de la buena educación, te pide disculpas cada vez que comete un error como si estuviera arruinando tu vida. “Perdón” es su palabra más repetida. Se le suele ver en clubes de pádel cercanos a parroquias, donde acude inmediatamente después a confesarse si considera que por su culpa se ha perdido el partido.

10. El acaparador

Este jugador, ansioso y competitivo, se mueve con agilidad por todo el campo, incluido el lado de su compañero, al que no le deja tocar bola. Si juegas con él de pareja y en algún momento de valentía decides golpear alguna pelota que caiga en tu campo, tu pala correrá gran peligro de ser destruida por la potente arma de este ser omnipresente.

Si coincide que sus padres van a verle y les preguntas sobre su niñez, te confirmarán que de bebé, la primera vez que habló no fue para decir ni papá ni mamá. Su primera palabra, por supuesto, fue: ¡mía!

¿Y vosotr@s? ¿Conocéis más tipos de judador/a de pádel?

Cómo identificar a un vasco fuera de su territorio

kalimotxo

Como ser de pura raza, el auténtico ejemplar vasco, ése de voz grave y carácter indómito, se define por una serie de sutiles características que le hacen destacar allá donde va.

Éstos son algunos de los comportamientos que te ayudarán a identificarlo cuando viaja fuera de las fronteras vascas, dependiendo del entorno donde tenga lugar su esparcimiento:

  • El bar

Invítalo a un bar de cualquier punto de la geografía española. Aunque las 57 personas que haya en el local estén bebiendo cerveza y tinto de verano, él por supuesto, ¡pedirá KALIMOTXO!

Invítalo a la boda más elegante del mundo. Aunque las 300 personas que haya en el cocktail estén bebiendo champán, él por supuesto: ¡pedirá KALIMOTXO!

En algunas bodas, para disimular, pedirá una copa de tinto gran reserva, a la que añadirá de incógnito la Coca Cola. Aunque en ese momento nadie se percate del sacrilegio, como buen vasco se pondrá fino a comer y acabará delatándolo en el baile algún movimiento en falso, en el que se le escape un efluvio de gas metano con ese inconfundible perfume que genera tan delicado caldo.

  • La playa

Es fácil reconocerlo en las playas de Salou “no se conoce a ningún vasco que haya veraneado más lejos” por su intensa blancura nuclear y por llevar en la mano, aunque las predicciones marquen mínimas de 35 grados, una chaqueta de punto ¡de las gordas! por si refresca.

Si por alguna razón ya venía moreno de su tierra “pilló tres días de sol seguidos en Zarautz por primera vez en la historia” y da la casualidad de que se ha dejado la chaqueta en casa, sabrás que se trata de un vasco nada más verlo entrar en el mar por sus clásicas frases como: “Aquí no hay olas ni ostias” o “el agua esta parece meao”.

Y tiene razón, porque nada es comparable al agitado mar Cantábrico o a las refrescantes aguas del pantano de Vitoria.

  • El discobar de la playa

Para explicar el comportamiento del vasco tras ponerse el sol, no he encontrado mejor representación que dos ejemplos muy gráficos de una situación que se repite cada verano:

Caso 1

Salou. Discobar en la zona de Slammers. 22:30.

Ocho chicos beben y conversan junto a la barra. A escasos metros de ellos, un grupo de ocho chicas, bien guapas y dispuestas. Una hora después y sin haberse producido intercambio de palabras el camarero les pregunta a los chicos: ¿oye por qué no habéis ido a hablar con ellas? El camarero asiente tras la reveladora respuesta: ¡son vascos!

Caso 2

Salou. Discobar en la zona de Slammers. 22:30.

Ocho chicos “zaragozanos” beben y conversan junto a la barra. A escasos metros de ellos, un grupo de ocho chicas. Pasados cinco minutos dos de ellos abordan a las chicas. Segundos después regresan cabizbajos, con el orgullo herido, uno de ellos incluso presenta magulladuras. El camarero no tiene duda: ¡Son vascas!

  • La discoteca de moda

Para reconocer al vasco no hace falta entrar en el local. En la propia cola de la discoteca podrás presenciar cómo discute con los porteros, que no le dejan entrar. Él, ultrajado, alegará que en la entrada pone “prohibido entrar con zapatillas” pero en ningún lado advierten de la imposibilidad de entrar con pantalón de chándal y botas de montaña.

  • El restaurante de tapas

Un vasco de pura cepa se comerá las tapas en cualquier parte de España con resignación, afirmando mientras mastica con desgana que “Las tapas son una mierda. Qué ganas de volver a Euskadi y tomarse un buen pintxo”

  • La primera impresión ante gentes de otros puntos peninsulares

Esa primera impresión de rudo y poco accesible que identifica al genuino vasco en realidad es sólo una estrategia. Si de primeras das esa imagen, a poco que mejores, en el futuro ya todo serán alabanzas. No es que seamos secos, somos inteligentes.

  • El humor ante esas gentes allende nuestras fronteras

Como maestros del sarcasmo que somos, un auténtico vasco es capaz de soltar un chiste irónico en cualquier momento sin esbozar una mínima sonrisa, descolocando a todos los presentes, que no saben si está en broma o a punto de soltarles un mamporro.

Esto provoca a menudo ese sentimiento tan propio de los vascos, de sentirse al principio un ser incomprendido lejos de sus fronteras. Pero no hay de qué preocuparse. En cuanto pillan el humor vasco uno es el alma de la fiesta.

  • Hablando de política

Cada vez que sale una información en la prensa sobre la situación política de Gibraltar, él expresa su resignación al sentirse totalmente identificado, ya que a los vascos nos pasa lo mismo con Burgos, que nos ha robado el Condado de Treviño. De hecho, algún día le gustaría que, al poner a su novia “mirando para Treviño” esto significara que ella mira hacia territorio vasco.

  • El lenguaje

Es cierto que los vascos, como miembros de una sociedad donde prima la cultura, hablamos un castellano puro, de presentador de telediario. Pero expresiones omnipresentes en nuestro vocabulario como “sin más”, “en plan” o construcciones verbales como “Si yo iría” nos dan ese punto característico que marca la diferencia y del que tan orgullosos estamos.

Para concluir, quiero aclarar que todas estas características del vasco prototípico son una mera generalización y no todas pueden aplicarse a algunos de ellos, sobre todo si se han criado como yo, en la llanada alavesa.

¿Y vosotr@s? ¿Conocéis más rasgos característicos de los vascos?

9 formas de reconocer a un hipster de pega

hipsters

Seamos honestos: ser hipster mola. No podemos negar que pese a la aversión que esta “élite urbana” puede llegar a provocar, muchos hemos fantaseado alguna vez con la posibilidad de que al caminar por la calle alguien piense de nosotros: “Mira, un hipster”. Por eso hay quienes sufren la “hipsteria” por llegar a formar parte de este selecto club.

En mi opinión un moderno nace, no se hace. Y a aquellos que fuerzan la situación para llegar a lo más alto en la pirámide de la sofisticación podemos reconocerlos por los siguientes comportamientos:

  1. Vestimenta.

Este tipo de ejemplar comienza su proceso con un repentino y a menudo ridículo cambio de aspecto:

Si es un chico, la norma es: cuanto más pelo mejor. Barbas, bigotes… cualquier amago de look antagónico a un anuncio de cuchillas de afeitar es válido. Si puede ser, acompañado de una frondosa melena recogida en una cola de caballo y/o estrafalarios sombreros.

Esto suele ir unido a la obsesión por lucir camisetas con leyendas tan originales que nadie más las lleve en ninguna parte del universo “con la excepción de Brooklyn, por supuesto”.

En lo referente a ellas, la política es mucho más simple: a falta de dinero, gusto y de conocimiento de tiendas realmente cool, a aquella que sufre la repentina hipsteria se la reconoce porque abandona de la noche a la mañana su “look Inditex” mientras en su casa la observan con extrañeza al ver que su nuevo fondo de armario se basa en la estrafalaria ropa de juventud de su difunta abuela.

2. Cine y televisión.

Desde hace un tiempo sólo ve películas y series en versión original “de hecho desprecia a quienes no lo hacen”, hábito del que se enorgullece cada vez que él mismo saca el tema en una conversación.

Si coincidimos con él para ver una comedia “por supuesto en versión original” se ríe con efusividad de cualquier chiste, por muy malo que sea, sólo para demostrar que sabe inglés y ha sido el primero en entenderlo.

En el cine observa con ira a quien mastica palomitas “que por cierto le encantan” y no se levanta hasta que acaban los créditos de las películas, por respeto al equipo técnico. Dígase, por ejemplo, al ir a ver una película rusa, se queda hasta el final en reconocimiento a un tal Dimitri Petrov, auxiliar de producción de la segunda unidad de rodaje, el cual seguro que no duerme por las noches si en un cine de Madrid alguien no se queda a leer su nombre pasando a toda velocidad.

3. Música.

El temor por evidenciar su verdadero yo hace que guarde a buen recaudo su contraseña de Spotify, donde acostumbra a entrar en sesión privada para que nadie sepa de las joyas de la música comercial que esconden sus playlists.

Cuando escucha música con los cascos, por ejemplo en un transporte público, adopta dos comportamientos extremos:

  • Si la canción es indie sube el volumen al máximo para que los de su alrededor se den cuenta.
  • A veces comete la osadía de escuchar en público esas canciones vergonzantes que adora. Entonces baja el volumen a un nivel prudencial para no ser descubierto.

4. Fiestas.

En este tipo de eventos estos modernos en ciernes suelen descubrirse a pares: son los dos que pelean por llamar la atención imponiendo el control en la lista de reproducción musical de la fiesta.

El comportamiento es sencillo: cuando suena una canción que otro ha elegido, nuestro personaje a estudiar se pone delante del ordenador para que nadie le quite el turno, contando ansioso los segundos que quedan para que termine ese tema. Cuando por fin pone la suya sube el volumen con disimulo y camina hacia el grupo orgulloso, mientras corea aquel himno a la modernidad, para que todos sepan que él es quien más está en la onda.

Por cierto, no se te ocurra cortarle alguna canción o tu vida correrá un serio peligro.

5. Lectura.

Además de escuchar música, en el trasporte público también se vanagloria de leer libros. Cada mañana, en el bus o en el metro, observa con reprobación a quienes viven enganchados al móvil, para después sacar su e-book y demostrar que es más culto que ellos  y que está muy por encima.

Lo bueno de tener e-book es que nadie puede enterarse de que está leyendo “50 sombras de Grey” o “Millenium”.

6. Vacaciones.

Toda la vida le han encantado lugares como Torremolinos o Benidorm, donde acostumbraba a tomar el sol, beber cubalitros en las discotecas y entabla amistad con extranjeros. Pero desde hace un tiempo su nueva religión le obliga a renegar de ello y sólo contempla viajar a lugares aceptados por la comunidad hipster como Tarifa, Caños de Meca o Formentera.

Ahora sólo ve puestas de sol, bebe mojitos en las jaimas y entabla amistad con vendedores hippies de pulseras.

Por suerte, en los últimos años este abanico de destinos se ha ampliado gracias a las decenas de festivales indie veraniegos “todos con el mismo cartel” que pueblan la geografía española.

7. Festivales y discotecas.

Sí, desde hace un tiempo cada verano acude a un festival indie. Los grupos que actúan le dan igual. Una semana antes de la fecha de inicio se informa sobre ellos y trata de memorizar sus canciones más famosas.

Una vez en el festival se le reconoce enseguida: en los conciertos mueve la cabeza murmurando como si conociese cada canción, a la espera de un estribillo familiar en el que elevar la voz y hacerse notar, repitiendo el final de las palabras para que los de alrededor “que en realidad no le hacen ni caso” piensen que se la sabe ¡porque es súper fan!

En las discotecas indie que frecuenta también ejecuta este lamentable comportamiento.

8. Teatro:

A pesar de que allí se aburre muchísimo, el teatro es cuestión obligada y acude por lo menos una vez cada seis meses con el pesar de quien visita al dentista. Eso sí, una de esas dos veces lo hace bien orgulloso porque “actúa un colega”. Lamentablemente jamás reconocerá que en toda su vida la obra que más le ha gustado fue algo así como “el musical Mamma Mía”. Secreto que se guarda para la tumba.

9. La decoración del hogar.

Igual que a la mayoría de nosotros, al hipster de pega le toca comprar los muebles en Ikea. No obstante, él siempre tendrá un elemento que parezca cogido de la basura, algo que rompa con lo establecido, mucho mejor si se trata de una manualidad elaborada por él mismo. Algo que nada más contemplarlo haga que su colegui de visita en la casa le diga: ¡qué chulo!

Si se trata de una chica, la clave para reconocerla es que acaba de incorporar a su salón algún mueble pintado por ella en azul turquesa.

Esta afición al reciclaje puede también extrapolarse a sus ahora, cafeterías predilectas: Sólo acude a aquellas cuyo antiguo mobiliario bien pudiera haberse recogido de la basura.


Si os habéis reconocido en alguno de estos puntos no os preocupéis, no significa que respondáis a este dramático perfil. De hecho en algunos yo mismo me siento identificado. Eso sí, si os veis representados en 7 o más es para estar MUY preocupado.

¿Y vosotros? ¿Conocéis alguna característica más del “hipster de pega”?

El verdadero significado de la canción “El taxi”

el taxi

Supongo que a estas alturas todos hemos bailado “El taxi” unas 100 millones de veces. La canción es pegadiza, muy pegadiza, ¡exageradamente pegadiza! y aunque algunos reneguemos de ella ante nuestros amigotes más modernos, es ponerla en la discoteca y empezar a mover las extremidades al son de su intrigante letra.

Pero… ¿sabemos realmente lo que estamos bailando? Iluso de mí, yo pensaba que sí, hasta que la cruda realidad me descubrió que el 90 % de los españoles ignoramos el nivel de obscenidad de nuestras improvisadas coreografías nocturnas a bordo de “el taxi”.

En mi caso, el descubrimiento tuvo lugar a los dos meses de convertirme en un “taxiadicto de discoteca” y lo peor de todo: para entonces ya se la había hecho aprender ¡a mi sobrino de cuatro años! con movimiento de brazo incluido mientras decíamos eso de “me lo paró, el taxi”.

Aquellos que ya conozcáis el significado completo supongo que estaréis rezando una oración por el alma de ese pobre niño. En fin, después volveremos a ese tema. De momento vamos a analizar dos conceptos básicos de la letra de la canción.

1. Mujeres que hacen vino.

La canción ya comienza de un modo inquietante “a todas las mujeres que hacen vino” con la astuta intención de confundirnos más adelante, cuando se supone, la letra afirma “ella hace vino”.

Es cierto que yo en mi infancia veraneaba en La Rioja, región de gran tradición vinícola, donde conocí a muchas mujeres que “hacen vino”, pero no recuerdo haber coincidido allí con el autor de la canción: Osmani García.

En España cuando alguien “te llama” tú “te vienes”, es decir, que si “él la llamó” “ella se vino”. Pero no utilizamos ese verbo en situaciones “más íntimas”. Parece que en América Latina sí.

2. Parar con una mano.

De nuevo con el significado dispar de las palabras a uno y otro lado del charco. En España parar, pararse, se limita a significar: detener, detenerse. Parar un taxi con la mano. Lo más normal.

Pero jamás empleamos ese verbo con el sentido de “poner en pie o levantar algo”. Así que ¿Cómo íbamos a saber aquel inocente niño y yo que nuestra coreografía favorita de las Navidades “que por cierto grabé en vídeo y mostré a toda la familia” encerraba ese oscuro significado?

Lo más curioso es que el día que grabé ese documento audiovisual teníamos visita: una amiga de la familia, colombiana, que nos observaba en silencio, con un extraño semblante, ceño fruncido incluido, que yo no sabía descifrar.

Días después, a mi vuelta a Madrid de las vacaciones navideñas les mostré el vídeo a unos amigos latinos, que no podían creer lo que veían. Me sentaron en un sillón, me pidieron que respirara hondo y me explicaron todo añadiendo que “Esa canción no es la más indicada para un niño. Si sigues así vas a crear un monstruo” Es entonces cuando por fin descifré lo que expresaba el rostro de aquella amiga de la familia. A día de hoy sigo admirando su templanza y saber estar ante tal aberración.

Para los que estéis en España, os propongo el ejercicio de fijaros en la gente cuando baila “El taxi” en las discotecas. Os puedo asegurar que muchos de ellos agitan el brazo divertidos y enérgicos sin la más mínima idea de lo que están haciendo.

Por cierto, como curiosidad, os diré que según la RAE “parar” significa “levantar” no sólo en Latinoamérica, también en la región española de Murcia.

¿Y vosotros, conocéis más significados ocultos en la letra de esa canción? ¿Qué se esconderá detrás de frases como “cho cho cho chofer” o “ella sabe de to to to to”?

Intrigante, ¿verdad? ¡pi pi!

 

10 maneras de reconocer a un estudiante latino en España

foto graduacion2 Cada año, miles de estudiantes latinos llegan a nuestro país con un claro objetivo: estudiar un postgrado. ¿Pero será esa su principal intención? Tras cursar este año en Madrid un máster con algunos de ellos y cogerles mucho cariño, aquí va el manual definitivo para reconocerlos:

1. En pocos días conocen más bares y restaurantes que tú, aunque lleves años aquí viviendo. Sí, es cierto que hay una serie de lugares que son míticos para ti a los que ellos jamás entrarán ¿Quizá porque son demasiado baratos?

2. En pocas semanas conocen la geografía española mejor que tú en décadas. En lo que cuesta decir “qué vaina” o “no manches wey” se compran un billete y se plantan un viernes en la otra punta de España.

¿Pero qué pasa cuando hay puentes largos con más días de fiesta? He aquí el siguiente nivel:

3. En pocos meses conocen Europa muchísimo mejor que tú. Incluso han viajado a países que no sabías ni que existían.

Es en este punto cuando te comparas con ellos y empiezas a sentirte un ser apático, sin interés por disfrutar de la vida: salir, bailar, hablar idiomas… No te preocupes. Cuando leas lo que viene a continuación se te van a quitar las ganas:

4. Aunque tú pienses que te defiendes, no bailas bien. Por lo menos no tan bien como ellos. Que te lances a bailar un reggaetón después de un par de copas, pase, pero no te atrevas a profanar con tus arrítmicas caderas una buena canción de salsa. ¡Por lo menos no delante de ellos!

5. Tu nivel de inglés es alto, o eso es lo que dice tu currículum. El de ellos sí que lo es y por eso te ayudarán. Te ayudarán a darte cuenta de que ¡tu pronunciación es una mierda! Si el Spanglish se introdujera en España otro gallo nos cantaría.

6. ¿Cómo llamarías a ese pedazo de hielo contra el que chocó el Titanic?  ¿Te acuerdas? Para ellos es un “aisberg”, de toda la vida. Ni se te ocurra defender que en español se pronuncia como se lee “iceberg” o estarás a punto de enfrentarte a una laaaarga discusión al estilo de una buena telenovela.

7. A diferencia de los españoles, los estudiantes latinos no tienen esa cultura de borrachera. Jamás los verás bebiendo, y mucho menos borrachos. Eso sí, te hartarás de verlos “tomando”, cogiendo una buena “peda” e invitando a toda la barra del bar mientras brindan en honor de una región mexicana que si no recuerdo mal, se hace llamar “Tequila”.

8. Jamás se ha visto a ninguno haciendo cola para entrar en una discoteca: Una breve conversación con el encargado de seguridad y ya están dentro disfrutando de un reservado con botella. De hecho, esa primera salida nocturna en la que de inicio los llevaste al típico bar castizo, así antiguo y mugriento, lo primero que te preguntaron al entrar fue “a ver dónde estaba la zona VIAIPI en ese club”.

9. Les encanta repetir palabras typical Spanish como “Hostia, coño o joder”. Y al tratar de pronunciarlas bien elevan su tono de voz hasta límites inhumanos, como si hubieran nacido en el mismísimo Bilbao.

Para concluir, ya poniéndonos serios, y con el objetivo de resaltar lo que para todos ellos supone esta enriquecedora experiencia, quiero citar la última y más importante característica que los identifica:

10. Después de un año viviendo en nuestro maravilloso país muchos de ellos desean quedarse para siempre. La verdadera razón: el tinto de verano.

¡Muchas gracias a todos mis compañeros “del otro lado del charco” por este año increible!