Cómo identificar a un vasco fuera de su territorio

kalimotxo

Como ser de pura raza, el auténtico ejemplar vasco, ése de voz grave y carácter indómito, se define por una serie de sutiles características que le hacen destacar allá donde va.

Éstos son algunos de los comportamientos que te ayudarán a identificarlo cuando viaja fuera de las fronteras vascas, dependiendo del entorno donde tenga lugar su esparcimiento:

  • El bar

Invítalo a un bar de cualquier punto de la geografía española. Aunque las 57 personas que haya en el local estén bebiendo cerveza y tinto de verano, él por supuesto, ¡pedirá KALIMOTXO!

Invítalo a la boda más elegante del mundo. Aunque las 300 personas que haya en el cocktail estén bebiendo champán, él por supuesto: ¡pedirá KALIMOTXO!

En algunas bodas, para disimular, pedirá una copa de tinto gran reserva, a la que añadirá de incógnito la Coca Cola. Aunque en ese momento nadie se percate del sacrilegio, como buen vasco se pondrá fino a comer y acabará delatándolo en el baile algún movimiento en falso, en el que se le escape un efluvio de gas metano con ese inconfundible perfume que genera tan delicado caldo.

  • La playa

Es fácil reconocerlo en las playas de Salou “no se conoce a ningún vasco que haya veraneado más lejos” por su intensa blancura nuclear y por llevar en la mano, aunque las predicciones marquen mínimas de 35 grados, una chaqueta de punto ¡de las gordas! por si refresca.

Si por alguna razón ya venía moreno de su tierra “pilló tres días de sol seguidos en Zarautz por primera vez en la historia” y da la casualidad de que se ha dejado la chaqueta en casa, sabrás que se trata de un vasco nada más verlo entrar en el mar por sus clásicas frases como: “Aquí no hay olas ni ostias” o “el agua esta parece meao”.

Y tiene razón, porque nada es comparable al agitado mar Cantábrico o a las refrescantes aguas del pantano de Vitoria.

  • El discobar de la playa

Para explicar el comportamiento del vasco tras ponerse el sol, no he encontrado mejor representación que dos ejemplos muy gráficos de una situación que se repite cada verano:

Caso 1

Salou. Discobar en la zona de Slammers. 22:30.

Ocho chicos beben y conversan junto a la barra. A escasos metros de ellos, un grupo de ocho chicas, bien guapas y dispuestas. Una hora después y sin haberse producido intercambio de palabras el camarero les pregunta a los chicos: ¿oye por qué no habéis ido a hablar con ellas? El camarero asiente tras la reveladora respuesta: ¡son vascos!

Caso 2

Salou. Discobar en la zona de Slammers. 22:30.

Ocho chicos “zaragozanos” beben y conversan junto a la barra. A escasos metros de ellos, un grupo de ocho chicas. Pasados cinco minutos dos de ellos abordan a las chicas. Segundos después regresan cabizbajos, con el orgullo herido, uno de ellos incluso presenta magulladuras. El camarero no tiene duda: ¡Son vascas!

  • La discoteca de moda

Para reconocer al vasco no hace falta entrar en el local. En la propia cola de la discoteca podrás presenciar cómo discute con los porteros, que no le dejan entrar. Él, ultrajado, alegará que en la entrada pone “prohibido entrar con zapatillas” pero en ningún lado advierten de la imposibilidad de entrar con pantalón de chándal y botas de montaña.

  • El restaurante de tapas

Un vasco de pura cepa se comerá las tapas en cualquier parte de España con resignación, afirmando mientras mastica con desgana que “Las tapas son una mierda. Qué ganas de volver a Euskadi y tomarse un buen pintxo”

  • La primera impresión ante gentes de otros puntos peninsulares

Esa primera impresión de rudo y poco accesible que identifica al genuino vasco en realidad es sólo una estrategia. Si de primeras das esa imagen, a poco que mejores, en el futuro ya todo serán alabanzas. No es que seamos secos, somos inteligentes.

  • El humor ante esas gentes allende nuestras fronteras

Como maestros del sarcasmo que somos, un auténtico vasco es capaz de soltar un chiste irónico en cualquier momento sin esbozar una mínima sonrisa, descolocando a todos los presentes, que no saben si está en broma o a punto de soltarles un mamporro.

Esto provoca a menudo ese sentimiento tan propio de los vascos, de sentirse al principio un ser incomprendido lejos de sus fronteras. Pero no hay de qué preocuparse. En cuanto pillan el humor vasco uno es el alma de la fiesta.

  • Hablando de política

Cada vez que sale una información en la prensa sobre la situación política de Gibraltar, él expresa su resignación al sentirse totalmente identificado, ya que a los vascos nos pasa lo mismo con Burgos, que nos ha robado el Condado de Treviño. De hecho, algún día le gustaría que, al poner a su novia “mirando para Treviño” esto significara que ella mira hacia territorio vasco.

  • El lenguaje

Es cierto que los vascos, como miembros de una sociedad donde prima la cultura, hablamos un castellano puro, de presentador de telediario. Pero expresiones omnipresentes en nuestro vocabulario como “sin más”, “en plan” o construcciones verbales como “Si yo iría” nos dan ese punto característico que marca la diferencia y del que tan orgullosos estamos.

Para concluir, quiero aclarar que todas estas características del vasco prototípico son una mera generalización y no todas pueden aplicarse a algunos de ellos, sobre todo si se han criado como yo, en la llanada alavesa.

¿Y vosotr@s? ¿Conocéis más rasgos característicos de los vascos?